domingo, 25 de enero de 2015

¡Felicidades mi sol!

Mi sol, con luz propia que irradia calor, aporta luz y color a todo lo que le rodea, a mi.
Aquella pequeña flor que creció siendo ella misma, sin tapujos a pesar de los pesares. Una gran personalidad a veces atrapada entre miedos y ocultando debilidades pero siempre ella, ganando con los años seguridad y la capacidad de ser quien diga la última palabra. Puede ser fuerte ante el mayor huracán y débil cual cristal fino si le retiras tu mano. Corazón humilde, si se lo pides te lo dará todo, sin mirar atrás, sin contemplaciones, sin pensar en que le puede perjudicar. 
Es ante todo mi sol, mi hermana. La que me enseñó a luchar, como no desperdiciar ni un solo momento, a vivir. 
La vida a lo largo de los años por una extraña razón, nos dio muchas experiencias y anécdotas, más que tiempo pasado juntas. 
Recuerdo a una niña tierna que lloraba si se manchaba el vestido, una adolescente tozuda que en alguna ocasión era más responsable que su hermana mayor pero que si necesitaba experiencia o cuidados no dudaba en pedirme, eso si, mi ropa siempre la  cogía sin permiso ;-)
Recuerdo una noche cuidando de ella puesto que mamá estaba descansando, unas vacaciones después de muchos años bien merecidas. Por un maldito hueso de pollo tragado y por el que tuve que armarme de valor en un tiempo en el que no existían los móviles para poder pedir ayuda. Con un 127 color naranja butano entre en Madrid capital cuando sentía pánico a conducir por allí, una noche de anécdotas que compartían celadores y enfermeras de las 1000 y una maneras de atragantarse, aguantadas con una sonrisa y que fuera ella la que me tranquilizara a mi y no yo a ella. Hemos pasado por todo, las travesuras, anécdotas, por cosas buenas y las que creí malas hasta que llegó la peor de todas. La vida quiso ponernos frente a una situacción en la que solo tienes dos opciones: vivir y luchar o deprimirse esperando un fatal desenlace. El primer aliento se lo di yo, aunque rota por dentro conseguí sacar fuerzas y ser la primera en tirar del carro, acudir cuando lloraba de desesperación e intentar no sucumbir con ella. Ella fue el mayor impulso y con fuerza empezó su lucha y me animó a luchar con ella. Juntas, por ella, por mi. Hoy parece solo un mal sueño pero aún, en el fondo sé que seguimos teniendo una pequeña brecha a que aquello vuelva a repetirse pero tengo claro una cosa: si vuelve, ¡que nos tema! porque nuestra fuerza es muy superior a la de entonces y en nuestra alma no cabe ni un ápice de duda de que lucharemos como unas jabatas. Siempre juntas, siempre unidas. Ella fue la que me hizo retomar viejos hábitos, mi escritura... hubo un tiempo en que escribir era parte de mi y lo abandoné. Mi sol me dio la receta adecuada con un buen empujón para que volviera a escribir y gracias a eso me encontré a mi misma. ¡Te debo tanto! Ahora escribo solo por ti, y en este momento escribo solo por y para ti:

     

Dulce sol que acaricia el rostro
en la fría mañana.
Torbellino de emociones
que ensalza mi alma.
La más sutil caricia,
la más cálida sonrisa.
Mi más preciado tesoro.

Y mil horas tenga el día,
más mil días el mes
por muchos años que pasen,
Yo por ti, tu por mi.

Entrelazadas las manos,
mirándonos a los ojos,
Sin mediar ninguna palabra...
así estaremos las dos.
Entendiendo nuestros silencios,
comprendiendo nuestros gestos.

Queriendonos sin un fin. 
Te quiero mi sol!!!!

Dedicado a mi sol, mi hermana Mª Rosa.

Mar, rosa azul.