lunes, 23 de abril de 2018

¿Cómo elegir un libro que marque mi vida si la vida está llena de libros que marcan?

La enciclopedia de salud que veías en los estantes del abuelo.

El selecciones que cada domingo me leía el abuelo para "aplicarme en cultura"

Los tebeos que compraba en el kiosco del barrio todas las semanas.

El primer libro que recuerdo haber leído: "Dardo, el caballo del bosque"

La enciclopedia o colecciones que consultabas cuando iba al colegio.

Aquel libro que te mandaron leer y creí un rollo pero al final me atrapó: "Tiempo de silencio"

Mi primer libro fricky: "El señor de los anillos"

La primera trilogía: "Ejercito Negro"

Aquel pequeño libro que me parece una auténtica obra de arte: "Seda"

El libro con el que recuerdas caer tus lágrimas a mares: "Paula"

Esa primera colección de libros que compraste durante años e fascículos: "Isabel Allende"

Los libros de aquellos escritores que me gustan tanto...





Y así podría estar hasta mañana o pasado mañana porque si hay algo que no pasa desapercibido, eso es UN LIBRO.


sábado, 11 de noviembre de 2017

El cielo es más claro y azul.

De un tiempo a esta parte, el cielo es más claro y azul. El aire susurra al oído y avisa de la llegada del frío invierno. Invierno que incita al cobijo, al calor de un abrazo. Buscar un refugio en alas del ángel que llega para acompañar en el duro camino que está por llegar.

Acaricia el ángel mi pelo, susurra: "abrázame  fuerte", aunque yo solo sienta el aire a mi lado, removiendo mi pelo y esas ganas irrefrenables de abrazar el espacio vacío. Estrecho mis brazos y agarro el vacío con fuerza, noto como mis pies se elevan del suelo y me alzo...

Una dulce melodía acompaña mi sueño y en aras del viento voy surcando el espacio, aquel que parece vacío y está lleno de melancolía.

Los sonidos acompasados de un piano afinado y el paso del tiempo simulando estar quieto. No hay prisa, solo compases, ritmo y un minúsculo sentido, consciente, de la paz que dan los momentos tranquilos.

Sigo flotando; acompasando una suave brisa de tacto a plumas suaves y terciopelo, sin mirar el suelo, solo el inmenso cielo estrellado y amparada en la tenue luz que surca en el horizonte, sin vislumbrar el abismo que queda bajo mis pies. Cierro los ojos y veo mi paraíso, palabra que no reconozco como ideal, prefiero decir mi cielo, mi nube, mi trocito de soledad en calma. Y este es el momento perfecto, donde nada ni nadie interrumpe el sueño sin dormir, la felicidad sin la necesidad de mostrar sonrisa. 

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Sigue el paseo y basta el sonido de un saxofón para traer a la mente soñadora una visión ideal de aquello que necesito, de la evasión de la cruda realidad que con el tiempo se afronta sin dolor, acostumbrando la mente a no dejar ni siquiera en un pequeño rincón pero la desventaja de no ser consciente en algunos momentos y pasando de puntillas para dejar en el olvido aquello que no quise enfrentar.

Algo te saca con fuerza del sueño, te lleva a ver la realidad y vuelves al frente de los problemas cotidianos, de las sonrisas forzadas y del inmenso dolor que puede llegar a provocar el ahora, el hoy, pero no importa, al menos no tanto, porque si hay algo que aprendo con el paso, es que el tiempo no vuelve y que tampoco puedo estar escondiéndome constantemente. El tiempo no cesa, las piedras del camino siempre estarán y no puedo perder más pedazos de mi vida rodeando sin cesar. Es tiempo de coger las riendas, picar las piedras con una buena herramienta y que el sonido del martilleo incesante se mezcle con los sonidos de un piano o un saxofón. 

Que la vida sigue y es corta para muchos que ya se fueron y no por ellos sino por nosotros mismos, aprender paso a paso y en cada piedra no pararse a mirar o rodearla sino afrontarla con ganas y sin pagar un coste alto por ello, solo el justo. Aprender de las emociones y su mundo tan complejo. Y seguir viendo cada día el cielo más claro y más azul.


Mar, rosa azul.

sábado, 18 de junio de 2016

En busca de las musas escondidas en el desván.

Sobre que escribir si de un tiempo a esta parte la costumbre se quedó guardada en un desván. Si las musas solo vienen a consolarme e iluminarme en el tiempo sin amor ni serenidad, cuando el alma grita palabras en los momentos de desilusión y falso bienestar.
Aprender a expresar en un cuaderno con bonitas palabras parece imposible en días de paz.
Parece implacable el vacío entre espacios cuando la vida sonríe y no hay desaliento. Cuando el tiempo "sobra" o simplemente exprimes para conceder un cuaderno en blanco, una pluma y un momento con las letras y mi afán de garabatear.
Del entorno me aislo, aspirando a tener un momento en soledad, escuchando al alma y sintiendo de corazón esas palabras.
Desbocar la pluma, escribir sin pensar, aguantar el ritmo sin saber que palabras, exponer sin más.
Terapia incansable esta de las letras no solo leídas, sino escritas al azar. Ese mágico momento que encubre la noche y me acompaña en mi deseada soledad.
Pequeñas cosas ¡Tan importantes! que me alumbran en la oscuridad y bailan en los días de luminosidad.



Y mil garabatos en un viejo bloc de música salen al encuentro de la melodía entre la paz y tan deseada soledad.
Solo yo, mi bloc, mi pluma y un momento mágico que sale en busca de las musas perdidas o escondidas en el desván.