lunes, 5 de agosto de 2013

¿Que te duele?... ¡A ver! Tengo fibromialgia.

¿Qué te pasa?¿Cómo estás? ¿Te duele algo?

Preguntas que me hacen en mi día a día y a las que termino contestando con un bien gracias, estoy bien.

¿De verdad quieres que te conteste fielmente y sin obviar nada? Pues ¡ahí va! y que conste que hoy es un día de lo más normal...

Anoche conseguí dormirme a eso de las 3:00 de la madrugada y a las 7:00 estaba despierta ¡Tuve suerte, dormí unas 4 horitas! Me quedé en cama moviéndome constantemente porque me desperté por notar dolores en casi todo el cuerpo. A las 8:00 salté de la cama.
¡Bueno eso es solo una forma de decirlo! 

               
                             
¡Saltar! 

Ese movimiento hace mucho tiempo pasó a formar parte de mi historia.

Este es mi ritual para levantarme:
Empiezo abriendo los ojos y cerrarlos varias veces, despacio, no me resulta fácil acostumbrarme a la luz. Después abro y cierro las manos, intento que se desentumezcan. Muevo los pies, si puedo haciendo círculos, no siempre puedo. Subo las rodillas al pecho, eso solo algunas veces, la mayoría no puedo hacerlo. Me pongo de lado, intento incorporarme y sentarme en la cama, casi nunca lo consigo a la primera. Una vez sentada, muevo el cuello para calentar y siempre tiene tal rigidez que hay movimientos imposibles de realizar. Me incorporo, mi espalda es incapaz de enderezarse hasta pasados unos pasos y las piernas duelen, duele la espalda, el cuello, los hombros, las rodillas, los tobillos y muchos, muchos días ya me levanto con dolor de cabeza.
Pasado un rato el entumecimiento del cuerpo va pasando a un segundo plano (que no ha desaparecer) y empiezan a emerger los dolores, en cualquier punto en el que pienses, allí también duele.

 ¡Acabo de darme cuenta que hay un músculo que apenas me duele. ¿Cual? 


¡La lengua! Jajaja ¡con razón soy tan habladora!

Después de un desayuno y las pastillas de turno empiezo una jornada, siempre y cuando mi cuerpo y mente me lo permitan y voy con los dolores siempre. 
¡A la mochila y listo! 
En un par de horitas, con suerte, aparece la fatiga, otros días ya me levanto también con ella.
Mientras estoy "activa" puedo aguantar los dolores y fatiga y seguir durante la mañana (es lo que tengo por costumbre) hasta que paro y entonces es como una explosión de todo lo que has estado aguantando. Aparecen dolores en sitios que nunca hubieras pensado.

Si tienes curiosidad 
¡Pregunta! 
A ver si consigues decir una parte del cuerpo que no duela. ;-)

He probado muchos días a no parar hasta ver cuanto soy capaz de aguantar, todo el día y el resultado es que cuanto más me muevo o más tiempo estoy, peor es el parón, no duermo de dolores, la fatiga es extenuante y la recuperación más larga, días enteros sin poder moverme de la cama, sofá...
A veces me gustaría que existiera un medidor del dolor, no para compadecerme ni que me tengáis pena.
 ¡Odio dar pena! 
Pero sí para subir mi autoestima, saber que puedo con más de lo que creo y nunca volver a caer en ese pozo en el que "yo no valgo nada". 

¡Sé que valgo, sé que puedo, sonrío y asumo los traspiés de mi "compañera"! 

¡Pero hay días que es tan difícil! 
necesito de ayuda exterior, de sonrisas extras, comprensión y ¡muchos mimos!
¡Menos mal que estás ahí para darme todo lo que necesito! 
Y por favor...
 No me preguntes ¿Que te duele? 
¡Prefiero que me preguntes por el nivel de mis sonrisas! 

                          

Si están bajo mínimos ya sabes... ¡Envíame muchas! ;-)

Mar, rosa azul