lunes, 27 de enero de 2014

Un jardín entre la niebla V

Hoy el olvido se ve en sus ojos, su semblante es triste, su mirada perdida. No habla, parece vagar por recuerdos o quizá simplemente deje el tiempo pasar...
No conoce a nadie pero tampoco le inquieta. Se queda así durante un largo tiempo, a mi, se me hace eterno. Simplemente observo, me quedo a su lado, le agarro las manos y están frías, no reacciona al contacto con las mías. Mi alma se enfría, duele el corazón verla así, pero la vida sigue, la suya quizá insípida, la del resto acostumbrados a ese olvido. Para mi no, mi tiempo se para con el suyo, me abstraigo como ella aunque yo si recuerde, aunque sé quien es ella, se quién fue y sé que su vida cambió. Llaman al timbre y reacciona, mira hacía la puerta y pregunta: "¿Quien es?" yo sigo observándola,  necesito ver una sonrisa en su cara. Tal vez aún no sea tarde, hoy dispongo de más tiempo para estar con ella, tengo paciencia y vuelvo al tiempo real. 
La dejo sentada, al lado de una ventana por la que entra el sol y continuo con mi vida, siento como si la abandonara pero ella parece no darse cuenta. Después de acabar el primer plato, aparece en el salón cogida del brazo de una de sus nietas. Empieza a estar inquieta, no para en ningún sitio pero tampoco se desplaza con facilidad, lo que requiere que continuamente estemos pendientes de ella. Mientras termino de comer, mamá la sienta a mi lado. Celebramos el cumpleaños de una de sus nietas y de su bisnieta, la más pequeña de la familia. Todos juntos cantamos "cumpleaños feliz" mientras ella observa sin decir palabra, sigue ensimismada. Al cabo de un rato, todos conversamos con normalidad, yo solo le doy mi mano por debajo de la mesa y la dejo con sus pensamientos. De repente, toma un globo que le queda al alcance y lo golpea dándome con el en la cabeza. Me giro, la miro sonriendo y ríe. Como si de una niña se tratara, su sonrisa vuelve y la mía también. Pasamos un buen rato jugando con el globo, de ella a mi y de mi a ella, hasta que la peque reclama el globo ¡Ella también quiere jugar! Terminamos pasando el globo de un lado al otro de la mesa, desde mamina, hasta la peque y el globo pasa por todos los miembros de la familia hasta hacer todo el recorrido. Mamina sonríe y todos participamos de su sonrisa, todos somos parte de su nueva forma de vida. Ella sigue siendo el centro de la familia.
Un día más pudimos sacarle una sonrisa a mamina, ganamos una batalla al Alzheimer, aunque su vida no sea la misma y sus recuerdos o facultades no estén.. hoy, el Alzheimer no consiguió dejarla sola.

                        

..."Y las sombras taparon su día, pero la oscuridad no llegó hasta ella."...  

Mar.